jueves, 20 de octubre de 2011

Jugar con los ecos



Jugar con los ecos
desperdigándose a cada voz pronunciada
imaginando que arrojo una botella con mensaje
al mar
expectante porque llegue
una respuesta hasta mi orilla
otro eco que no es mi eco
pero que es también
mi voz

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Hay una revuelta

Hay una revuelta en marcha
contra mis fantasmas.
Las armas están afiladas.
¿Y si perecemos ellos y yo mismo
en la acometida?
Los sueños callan. El cuerpo pesa.

martes, 27 de septiembre de 2011

lunes, 26 de septiembre de 2011

Soñé que el viento

Soñé que el viento
traía el rumor de los últimos peregrinos
de la Tierra.
Que todos llegaban hasta aquí
empujados por la vanidad de las verdades.
Y que yo huía.

sábado, 24 de septiembre de 2011

Y en cada montoncito


Y en cada montoncito de arena con que juego
pasando de una mano  a otra
hasta que se pierde por las juntas de mis dedos,
y en cada mota
de polvo seco que penetra mis pulmones
tornándome más piedra,
hay algo de mí que se resiste a cambiar de sustancia.
A convertirme en estatua
irrelevante
expuesta a la ruina y al desaire.

lunes, 19 de septiembre de 2011

La zona más oscura

La zona más oscura de la noche
ha entrado en mí
y hago como que la desconozco.
Se asoma al brocal de mis sentimientos
dispuesta a devorar los últimos restos de inocencia
que permanecen como huellas fósiles.
Rastros que no se resignan a ser borrados
aunque no sirvan ya para encontrar caminos de regreso.
Aquí estoy, plantado en algún lugar
cuya indefinición me agobia.
Agua y arena
juegan alternativamente a agitar el reloj invisible.
Para qué escuchar las horas
de esta parálisis.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Y este anuncio prematuro

Y este anuncio prematuro de luces tibias,
la piel que se encoge y un falso olor
a heno que no proviene de ninguna parte,
¿a son de qué hacen su presencia,
dividiendo simétricamente mi instinto de náufrago?

El viento ha herido mi nuca como no lo hacía
desde el tiempo último del amor.
Como  un mal presagio.

domingo, 11 de septiembre de 2011

En los septiembres tardíos



En los septiembres tardíos de mi pubertad llovía.
Llovía con compás prematuro de otoño
y era un paréntesis.
Olía a tierra incrustada que salía a superficie
en forma mineral
ungida por los ríos secretos e invisibles.
Tierra y cuerpo, nacientes los dos de análoga materia,
se cruzaban olfateándose mutuamente.
La piel picaba y a cada latigazo
de sangre contenida
tenía lugar una expectación creciente de temores.
Y sin embargo, la paz. Era el paréntesis, ya digo.
Luego vino lo que tenía que venir
imparable y agitado, tejiendo y destejiendo
los hilos de la urdimbre y de los años.
¿Quién iba a pensar durante aquellas tardes de fecundidad baldía
que tras una larga y anónima marcha
acabaría encontrándome tirado en este despoblado?



viernes, 9 de septiembre de 2011

Voy aprendiendo



Voy aprendiendo dónde están,
supuestamente, los puntos cardinales
por aquella exhibición de las estrellas más brillantes
y debido a ciertos vientos de los que me protejo.
Mi duda: ¿no me los estaré inventando?
¿No estaré poniendo patas arriba el firmamento?
Al fin y al cabo los hombres lo hicieron desde los primeros tiempos
para emprender con fortuna sus caminatas y navegaciones.
No busco cada uno de los vértices de la rosa de los vientos.
Me basta encontrar solamente uno.
Aquel que posee un aroma y una calidez inalterables.
El que debe salvarme del olvido de mí mismo.


miércoles, 7 de septiembre de 2011

Salvo del desierto



Salvo del desierto
que haya hecho innecesario el rígido manual de uso
que se aplicaba en la civilización.
Eso y poco más.
La bondad del atardecer anhelado,
ciertas visiones de las estrellas del cielo,
algunos espejismos, sólo algunos:
aquellos que simulan olvidados paisajes de la infancia
o la emersión de una ciudad pujante,
a la que no llegaré jamás.
También salvo los sueños.
Todo el tiempo infinito para los sueños
más inconcebibles. Asumiendo el riesgo
de que sin distinguirse demasiado de ellos
merodeen los deseos más virulentos
que destrozan al hombre.
Y salvo, por último, al reptil,
del que tomo prestada su piel,
la única piel que puede protegerme
de mi amarga descomposición.



martes, 6 de septiembre de 2011

Envuelto en una sábana



Envuelto en una sábana
me hago el muerto y sudo
(es un viejo juego que no tengo por qué explicar a nadie)

Ya sé que esa imagen parece lo que no es.
Si no me muevo soy aquello que nunca
llegaré a ver porque en ese instante estaré sin vista.
Sin mirada y sin gusto y sin tacto
y sin latidos, aunque durante un tramo éstos
seguirán trotando hacia un punto cardinal
con olor a la hembra ausente.
Lo que me desconcierta
no es este teatro de montar una reproducción falsa de mí mismo
y de mi fin. Sino pensar que,
si me faltan un día las propiedades imprescindibles,
porque la naturaleza haya decidido que no las tenga ya más,
¿quién va a tocar el fondo de la tierra
y encontrar el hontanar fluyente
si no es mi mano
que huirá ansiosa de la muerte?


jueves, 1 de septiembre de 2011

Podría escarbar la tierra

Podría escarbar la tierra
y construir con la incisión de mis manos
el cuerpo de una mujer.
Pero el cansancio acabaría derribándome
y durante el sueño
llegaría el desierto como llega siempre,
a tropel e insolente,
para poseer mi obra.
Tendría que volver a empezar.




martes, 30 de agosto de 2011

Pongo nombres a las piedras



Pongo nombres a las piedras
desde este escondrijo que me guarece.
Nombres que no se hayan inventado todavía
o bien que no nombren
o que respondan sin que se pronuncien.
Nombres que a una sola mirada
recuerden los sentidos
y al aproximar mi mano a la rugosa fruta de la tierra
me claven la bondad de sus ojos
unten con la lengua tibia mi palma desplegada
prendan mi pecho con el calor de sus senos
y acerquen la olorosa llama de su hoguera
hasta quemar mi boca
entreabierta y ávida.





sábado, 27 de agosto de 2011

Habla una voz



Habla una voz:
huye de la rendición
los días no son solo horizontales.
Habla otra voz:
la caída en la tierra
abre espacios donde lo húmedo existe.
Habla tu voz:
tira con fuerza de mí
le increpas al silencio.


domingo, 21 de agosto de 2011




Sientes el arañazo



Sientes el arañazo de la aridez
y te agazapas maltrecho entre las plantas más inhóspitas.
Luego te asomas menesteroso a los agujeros que las bestias
abandonaron hace tiempo sabiamente
porque no podían vivir en tan ásperas tinieblas.
Todo te pesa y la traición que te haces a ti mismo
quiebra tu silencio hasta anularte.
Pero el desierto no entiende de voces desesperadas
ni de plegarias sin fe ni de llantos tardíos.
Las lágrimas se convierten en punzante cristal entre tus párpados
apenas ha brotado la amargura.
Y las palabras del hombre que se desvanece,
tus desgastadas e inútiles palabras,
de poco sirven ya si sólo son cenizas.

Maldito roedor de los deseos:
aún estás a tiempo de erguirte y hallar el horizonte prometido.
Conjura de una vez tu caminar a ciegas.
El desierto puede ser cruel,
pero el don de elegir lo llevas dentro
y aún es fértil.



viernes, 19 de agosto de 2011

¿Dónde desembocan los desiertos?

¿Dónde desembocan los desiertos?
No proceden de ninguna parte
ni tienen destino alguno. Son el botín
de la conquista a la soledad del hombre.
Cambian de forma cada noche
para desorientar a los extraviados
y mutar el brillo de las estrellas.




miércoles, 17 de agosto de 2011

Nada suena

Nada suena
que no sea un viento veloz
interminable.
Y cuando amaina, el silencio hiere.
Y cuando el día se desploma
y coloca su suelo como cielo
me desgasto.
Nada habla
que no sea un eco preservado,
un eco a la medida de mi cuerpo de escorpión
que va ensordeciendo
este mísero abandono.


viernes, 12 de agosto de 2011

Camino por un desierto

Camino por un desierto.
El desierto no se elige ni aparece de pronto
a la vuelta de un sueño o de una crisis.
El desierto es una llaga que no cicatriza nunca,
donde el hedor a veces es insoportable:
tantas veces llegan hasta él las alimañas que la imaginación recrea
para beber la miseria que supura.
El desierto es el inclemente cielo;
y sus promesas de fertilidad, en las que alguna vez creí,
son vapor, condensación de la falsedad
que humedeció mis carnes sin que nada germinase en ellas
sino las vanas pretensiones, los dibujos que nunca pasaron
de simples garabatos y las letras copiadas a las estrellas.
Camino por el desierto
y empiezo a no sentir los elementos que condenan al hombre
que se pierde.

lunes, 18 de julio de 2011

Oscuro transcurso

Oscuro y dilatado transcurso
que hizo olvidadizos a los pobladores de mi tierra.
Nadie sabe aún si aquellas lágrimas
que salpicaron amargas los pedregales
ablandaron el sustrato de su inercia.
Ni si lo fértil pudo desalojar
tantas lajas del silencio
hasta que el limo se aposentara allá abajo
moldeando con su fecundidad cada nuevo gesto
que rehiciera el rostro del hombre.

viernes, 24 de junio de 2011



La mirada es un ejercicio posesivo

La mirada es un ejercicio posesivo
que se practica hacia atrás.
Cuanto se espera del futuro
siempre es sueño.
Pero tú, territorio
conquistado al vaciado de los días
no cuentas el tiempo
sino los frutos que crecen y maduran
entre tus dedos.

miércoles, 22 de junio de 2011

Le persiguen los trazos

Le persiguen los trazos.
Entre aquellos primeros impulsos
indisciplinados
sobre el papel rayado
y las últimas palabras hurtadas
a los significados
¿qué ha cambiado?
Apenas la dirección del aire
el mismo
que sigue sujetando su mano.

sábado, 18 de junio de 2011

A veces una voz

A veces una voz extraña
le decía:
has nacido demasiado tarde.
Y otras, una ráfaga de viento
insinuaba:
has nacido demasiado pronto.
Sólo ahora sabe claramente
que brotó en el tiempo justo.

(Se lo murmura el borboteo incesante
de su sangre)

jueves, 16 de junio de 2011

No se escora la nave

No se escora la nave
hacia el abismo.
Hay mucho todavía por navegar
sin que la quilla encalle.
Sujeta el timón y endereza el rumbo
hacia la luz que procede
de la costa a la que estás abocado.
No hay mayor terra incognita
que la que no se explora.

miércoles, 15 de junio de 2011

Ingrávidas y pequeñas esferas

Ingrávidas y pequeñas esferas
de barro o de cristal: yo soy la gravedad
que fija vuestra órbita.
La posición de mis dedos insinúa la salida
con un golpe seco:
caída libre o calculada hacia el choque preciso
en busca de otros rostros sin aristas.
¿Recordáis ahora qué planetas visitasteis de mano
en mano? ¿Qué fue de aquellas conquistas pasajeras
en cada palmo de tierra por donde desplegasteis
vuestro impulso?
Entrañables canicas: mitad amuleto, mitad objeto de cambio.
Cuántas conductas tras vuestra humilde condición.
Cuántas complicidades y risas, pero también cuántas envidias
y extorsiones taimadas
bailaron al son de la oclusiva pronunciación
de vuestro nombre.
Apuntando con el tino de la memoria irrenunciable
yo os lanzo al infinito.

lunes, 13 de junio de 2011

¿Qué hay debajo?

¿Qué hay debajo del suelo?, preguntaba
temeroso el niño.
Agua, un océano enorme, le respondían.
¿Y debajo del mar?
Tierra, una montaña de fuego.
¿Y más allá del fuego?
Nada.
¿Ni tú ni yo?, inquiría con angustia
al hombre de manos de hielo.
Nada, salvo tú y yo.

domingo, 12 de junio de 2011

Mis primeras líneas

Mis primeras líneas
compartieron letras y tiznones.
Difícil recordar qué fue primero:
¿lo abstracto o lo figurativo?
El dedo insumiso quería escribir sin tiento.
Efímeras victorias reprendidas
aplastadas por el dictado
del padre y del maestro.
Y el puño,
aprovechando la bajada de guardia de mis yemas
rebeldes, enderezaba el filo
obligado por un tenaz aprendizaje
y se convertía en pájaro.
Sabio pico aquél formado entre el índice
y el pulgar de mi mano derecha
(la única reconocida en aquel tiempo)
Grano a grano cada picoteo del plumín
dibujaba los rasgos de un abecedario.
Figurativo.
Abstracto.

martes, 24 de mayo de 2011

La primera piedra que toqué

La primera piedra que toqué
la encontré cálida.
No quise soltarla. La metí
en una cajita y la nombré amuleto.
Por el día la llevaba a todas partes de manera
secreta.
Mucho después llegaron más reliquias;
detrás de ellas había otros tactos,
las primeras sonrisas de las niñas
y el trueque con los chicos de la escuela.
Pero nada disponía de la misma fuerza
que mi primera piedra.
En ella veía las raíces del mundo.

sábado, 21 de mayo de 2011

Escribe como si expeliera

Escribe como si expeliera
todo el aire enrarecido del mundo.
Escribe
para evitar que las palabras se pudran
entre los divertículos del hastío.

jueves, 19 de mayo de 2011

Creciste bajo una higuera


Creciste bajo una higuera
cuyo ramaje te ocultaba de las voces.
Imperiosas obligaciones
que hablaban de acatar y someterse.

La vieja y frondosa higuera.
Estancia calma donde nadie advertía
de tu existencia huidiza,
donde a nadie se le ocurría buscarte.
Mientras, hacían clamor con tu nombre
que salpicaba el cristal sonoro del arroyo.

Aquellas lentas y también necias tardes
del estío.


domingo, 15 de mayo de 2011

No has de saber

No has de saber si el tiempo
procede de otro tiempo o todo nace
de una rueca
donde los días se han hecho lentamente
con los delgados hilos de la suerte:
urdieron un hombre que seguía a otro anterior
y no era el último;
el último, tampoco sabes quién, se perdía a su vez
camino de la última llamada:
la que resuena sobre tus sienes venosas
transparentes
que sientes afiladas.

martes, 10 de mayo de 2011

Corría tanto viento

Corría tanto viento entre tu pecho
y el abismo
que extendiste los brazos
contuviste la respiración
y con los pies en punta sobre la linde
del basalto
invocaste la complicidad de los seres del cielo.
En ese instante el aire se detuvo
y un toque de trompeta severo
e imperioso
atravesó el campo de batalla
indicando retirada.

domingo, 1 de mayo de 2011

Y esta fuerza secreta


Y esta fuerza secreta
que sujeta mi convulso ser
a tu existencia.
Y este brío inextinguible
que no cesa de clamar
y reclamar
a la mujer sentada en esa orilla.
Oh, tú, flecha en vuelo,
no te detengas;
hiéreme un día y otro y pulsa
la llaga abierta
de mi descuartizamiento.


sábado, 30 de abril de 2011

Temo el sueño


Temo el sueño.
Lo deseo y a la vez me pierde. Necesidad
de conjurar la consunción letal
que me conduce a otra parte como si se tratara
de la verdadera orilla.

Temo el despertar y el vacío estéril:
no saber quién soy ni si estoy pereciendo
o procurándome aliento
con la esperanza de una luz lejana o un signo
o un rumor diferente que rompa mi afasia.
No saber si te tengo aún o te pierdo
y me pierdo dos veces.

Giro inquieto en medio de esta noche solapada
buscando con mirada enrojecida
enloquecida
el destello del único fanal que puede ponerme de nuevo
en pie sobre el camino.

Las letras escritas en las rocas aparecen cubiertas de espuma.
No hay sal ni viento ni rumores que puedan borrarlas.
Las reescribo cada día.
Pronúncialas para que llegue
tu voz serena
aunque me consuma.



miércoles, 27 de abril de 2011

Arañadas y sangrientas


Arañadas y sangrientas están
mis manos
por el roce de los riscos.
Acuciado por la marea porfío
en la escalada.
Estas manos despellejadas testimonian
rastros de mis babeos y de mis lágrimas.
No hay otras manos
que me puedan salvar del vacío.


domingo, 24 de abril de 2011

Dicen que se agota


Dicen que se agota el mar sobre las playas
y que deposita en ellas a los hijos del olvido.

¿Cuánto hace que las playas
dejaron de existir?

Fueron una fantasía del reino de las profundidades.

En mi huída de las tormentas
las he buscado sin suerte.
A mis pies sólo se erigen ariscos farallones
y el embate de las olas me arrincona
con inclemente desprecio.

El mar no sabe del errante que busca su propia materia.

sábado, 23 de abril de 2011

Ando entre las rocas

Ando entre las rocas
pero la oscuridad es tan compacta
que debo tantear escollo a escollo
y hacer de cada paso un largo baile
de movimientos indecisos.
Para qué mirar a través de la espesura de la noche
si los sonidos no ayudan.
El mar habla una lengua colectiva
inmutable y perpetua
donde no sabes quién pronuncia primero
ni si es una descarga de lamentos o de vítores
la que se hunde apenas un instante entre las olas
ni desde dónde parte la voz
que emite tu nombre.

lunes, 18 de abril de 2011

Navego por el mar




Navego por el mar.
Es de noche y navego. El oleaje
es sordo.
La espuma recubre mis cabellos
y no hay hueco de mi muda
que esté seco.
Navego y la sal permanece entre mis uñas
formando una costra lacrimosa.
No hay ningún punto de luz en lejanía alguna
porque la distancia no existe.
No cesa el rugido del vaivén
de las olas
porque nadie lo escucha.
Navego sin encontrar supervivientes
ni dentro ni fuera de la borda que delimita
con un perfil ausente de rostros
mi vida del abismo.
Navego entre una oscilación de sombras
perdida ya la cuenta de los días.
No. No he extraviado el rumbo
tal vez nunca lo he tenido
ni se puede decir que sea ya un náufrago
puesto que hablo de las sensaciones.
Me he convertido en mar.
Una gota, la más pequeña pero avanzada cresta ondina
o una agitada secuela de la masa
que se desplaza al mandato de los vientos.
Es de noche y navego.
Mi pies se hunden en la sima de los enigmas
y embarranco.